Dice mi muy estimado Sánchez Dragól en su blog que el gato es el animal favorito de los escritores. Y que ni hablar de los perros, por favor, que son unos democristianos.
Aunque siempre digo que los gatos nunca me han gustado especialmente, sueño a menudo con ellos y siento mucha simpatía por los grandes felinos. Pero un gato doméstico es otra cosa. Cuando tenía cuatro años, en México, mis padres solían visitar a unos amigos que tenían un gatito, un chachorro como yo llamado Demóstenes (al que yo sólo alcanzaba a llamar Mókenes). En mi casa cuentan que, en cuanto me veía aparecer por la puerta, el pobre gato salía disparado en dirección opuesta, tan temibles eran mis modales con el animal. Por lo visto, un día el chiquito se escondió debajo del sofá y yo, con mis maneras de querubín, lo saqué de ahí a paraguazos. Me cuentan también que lo cogía del rabo y le daba una cuantas vueltas en el aire antes de soltarlo. Un día, se lo partí. Y al poco, andando por la calle desorientado, lo atropelló un coche y lo mató.
Llevo encima a Mókenes desde que tengo uso de razón, y además a estos seres.
Esto se supone que es de cine. Bueno, Dragól tiene ficha en imdb.
Hoy, continuando con la serie Películas que nunca veremos, presentamos la primera colaboración de este bloghhh.
Y el primer, y por el momento único, artista invitado no podía ser de mayor postín.
Raúl, mi nunca suficientemente alabado ex-compañero de piso y director de arte cacahuetil, aparte de otras muchas cosas que aquí no cabrían, se ha marcado esto en su tiempo libre:
Aquí, mi crítica en kane3 de Before the devil knows you're dead, la nueva película de Sidney Lumet, que aquí han llamado Antes que el diablo sepa que has muerto.
Y una recomendación: El rumor de la arena. Una crítica aquí. No es mía. En el Pequeño Cine Estudio. Vayan.