Aquí, mi crítica en kane3 de Before the devil knows you're dead, la nueva película de Sidney Lumet, que aquí han llamado Antes que el diablo sepa que has muerto.
Y una recomendación: El rumor de la arena. Una crítica aquí. No es mía. En el Pequeño Cine Estudio. Vayan.
Una de las mayores preocupaciones, si no la mayor, de la gente que se dedica a esto del cine viene dada por la siguiente afirmación, casi un dogma de fe: vales lo que vale tu último trabajo. Hay películas que pueden llevar tu carrera a la ruina.
A Ralph Bakshi esta aseveración debía de sudársela bastante, porque la mayor parte su obra la forman películas cuasi-suicidas como la que hoy nos ocupa: Coonskin.
De las otras ya hablaremos otro día, que material desde luego hay.
Pueden encontrar información sobre Coonskin, si saben un poquito de inglés, aquí y aquí.
La película fue duramente recibida por algunas personas, que la interpretaron como una burla hacia los negros. Seguramente fueron los mismos que se indignaron con el mensaje paramilitar de Starship Troopers y la apología a la violencia de La naranja mecánica.
Dice Bakshi: "La película es favorable a los negros en gran medida. Muestra lo que los blancos piensan de los negros. No soy racista. No lo comprendí entonces, y sigo sin comprenderlo. Si fuese un racista del KKK, lo entendería. Pero, ¿cómo entender este abucheo?"
Lo que indignó a estos meapilas fueron cosas como la canción que acompaña a los títulos de crédito iniciales, titulada Walk on (I'm a nigger man) . La letra es del propio Bakshi, mientras que el gran Scatman Crothers puso la música y la interpretó.
Antes de verlo, les cuento la batallita: el enlace del youtube que lleva a los créditos iniciales de Coonskin fue retirado por haber reclamado el copyright la distribuidora (que, por cierto, lo que es distribuir la película, no la distribuye mucho). He tenido ese enlace guardado durante un par de años, hasta que lo quitaron. Afortunadamente, un simpático insensato también lo tiene colgado, y aunque sea a una pésima calidad, pueden disfrutarlo.
(hasta que alguien se dé cuenta... dense prisa)
Hasta el 2:52.
Letra:
I'm a minstrel man
A cleaning man
A poor man
A shoeshine man
I'm a nigga man
Watch me dance
I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
I been waitin' on the welfare line
The coal line
Gas line, since nine
Now I'm waitin' on the pawnshop line
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
I been shot on
Pushed on
Passed on
Gassed on
Red white and blueid on
Now I waitin' to turn on
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
I got a natural black face
Part of my race
And up my sleeve I pulled an ace
That Iim gone die in disgrace
If I stop dancing
And don't let you blow me
anymore in the wind
Because I refuse to come
I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
Un gran tema que además supone un inmejorable arranque para una película tan valiente como esta. 1975. A verla!!
Si hay un director que, Orson Welles aparte, merezca el apelativo de Titán Cinematográfico, ese es Francis Ford Coppola.
Yo lo sé, y ustedes lo saben, así que no hace falta extenderse mucho más.
Por cierto, sería capaz de jurar que he viajado en metro con Coppola sentado enfrente. Estaba haciendo un crucigrama en castellano. Fueron los diez minutos más descacharrantes de mi vida.
[Extractos de una entrevista de Luis Martínez publicada en El Mundo el 27/4/2008]
Megalopolis
Megalopolis era un proyecto sobre la utopía y, sinceramente, yo estaba seguro hace diez años de que era posible hacer una película así; un filme en el que el protagonista fuera el ser humano, con el talento y el genio suficiente para hacer un mundo mejor. En este paraíso imaginado, la gente, en vez de trabajar, emplearía su tiempo en actividades más productivas y entre todos se construiría una sociedad mejor. No era tan loco pensar, aunque pueda sonar un poco ingenuo, que algo así fuera posible. Quizá era osado imaginarse una historia donde los hombres poderosos emplearan su energía y su capacidad para solucionar todos esos problemas que diariamente vemos en las noticias, de lo que ocurre en Oriente Medio o cualquier otro desastre cotidiano. Pero obviamente algo pasó que hizo imposible esta tesis.
P.- ¿No consiguió el dinero suficiente?
Bueno, era una gran producción y hacía falta mucho dinero. Pero me refería al atentado del 11-S. Nos llevó a 400 años en el pasado y, de alguna forma, un proyecto así, que no es otra cosa que un cuento de hadas, no podía salir adelante bajo la sombra de las torres gemelas.
Las obras maestras
P.- ¿Cómo se siente ante la certeza de que todo aficionado al cine espere de usted un nuevo Padrino o un nuevo Apocalypse Now, o una película tan revolucionaria como La conversación?
Lo que la gente espera no me preocupa. ¿De qué parte del mundo estamos hablando? Recuerdo que cuando se estrenaron cualquiera de las películas que ha citado, la mayoría de ellas no fue bien recibida por la crítica. Lo que ahora se cree que son buenas películas, antes no se tenía tan claro. El cine debe ir por delante de los gustos de la gente. Si te limitas a hacer lo que a la gente le gusta, sólo haces cine comercial.
P.- De hecho, parece asumido que a Apocalypse Now, por ejemplo, le llevase cinco años el llegar a ser considerada una obra fundamental del cine moderno.
La primera reacción fue que era muy extraña, simplemente.
P.- Con el tipo de cine que hace ahora, ¿cree que le pasará lo mismo?
Sí. De hecho, estoy de acuerdo con la reacción de la gente. Yo hice y hago algo que es interesante para mí. Es lógico que la primera reacción sea la extrañeza, pero no me cabe la menor duda de que, a la vuelta de unos años, terminará por resultar interesante. Al principio dirán “pero esto qué es”. Y eso es bueno, porque significa que es algo nuevo.
Moteros tranquilos, toros salvajes.
P.- ¿Qué pasó en los setenta (Scorsese, Friedkin, Bogdanovich) que no pueda volver a pasar ahora?
Fue un tiempo de transición. Los estudios no sabían qué clase de películas querían hacer y nosotros éramos jóvenes y nos presentamos allí y les dijimos: “Nosotros sí lo sabemos”. Y, en realidad, no lo sabíamos. Pero ahora creo que hay gente con el mismo talento que entonces.
El Ciudadano Kane de los cómics pronto será una película. Watchmen, the movie!!!
La pega es que Watchmen , el tebeo, es considerado por muchos una obra inadaptable debido a su profundidad, su perfección formal y a la cantidad de tramas y subtramas que incluye.
Aquí una foto promocional.
(que, como toda buena foto promocional que se precie, lo mínimo que provoca es estupor)
La película la dirige Zack Snyder, ese yanqui tan apuesto que nos regaló un debut de relumbrón con El amanecer de los muertos, para realizar después la polémica 300. Quizá no pareciese el director más adecuado para un proyecto como Watchmen, especialmente después de habernos demostrado su idea de fidelidad al original con 300, pero es lo que hay.
Hace relativamente poco se presentó un poster en la ComicCon de San Diego, una convención de frikazos adonde van los cineastas para ganarse el beneplácito y la simpatía de los... joder, de los frikazos. Todo el mundo sabe que tener un poster firmado convierte al freak en un ser más benevolente con las críticas.
Este es el poster de marras.
Creo que lo dibuja Dave Gibbons. De él me gustan los cojonazos que le echa, mostrando el origen del icónico smiley de la portada del cómic. Aprecio el detalle porque lanza un mensaje de fidelidad al freak, y es un guiño medio currado. A mí me toca la patata.
Ya que estamos hablando de patatas, creo que lo mejor es hacer una receta predicitiva.
LAS RECETITAS DE KARLOS!!!
(aplausos)
- Hola, bienvenidos a esta nueva edición de Las recetitas de Karlos. Hoy vamos a sacarnos la bola de cristal de este gorrito tan curioso que usamos los chefs para esconder a las ratas cocineras. Dentro de la bola de cristal tengo a una rata vidente, que es la que nos irá guiando a través de esta terrible recetilla.
- Muy bien, gracias Karlos. Que no se te acabe nunca ese emmental. Hoy vamos a hacer una receta acerca de Watchmen.
- ¿El tebeo?
- No, sobre la película. Mejor dicho, sobre lo que ocurrirá cuando se haya estrenado la película.
- De acuerdo. Pero sabes que, si especulas sobre la película, te volveré a meter en el sombrero este que tengo. Recuerda lo que pasó con King Kong.
- Conozco las reglas, Karlos. Bien, lo primero que tenemos que hacer es coger una docena de posibles opiniones sobre Watchmen, la película.
- Pero ratita, ¿eso cómo lo podemos saber?
- Joder Karlos, porque soy una ratita vidente.
- Es evidente.
- Prosigamos. Estas son las doce posibles opiniones sobre Watchmen que hemos elegido para hoy:
1. La película es una mierda, pero no se podría haber hecho mejor.
2. La película es una mierda, y se podría haber hecho mejor.
3. Yo la podría haber hecho mejor.
4. A mí me ha gustado, pero no me he leído el tebeo.
5. A mí me ha gustado, y me he leído el tebeo.
6. Me da rabia que algo tan único para mí se haya convertido en carne del Tentaciones.
7. ¿Cómo hubiese sido de haberla hecho Terry Gilliam?
8. El tebeo es INTOCABLE.
9. El tebeo es una mierda.
10. El tebeo está sobrevalorado.
11. El que hace de Rorschach no me pega.
12. Pero, ¿qué es el arte?
- ¿Las habéis anotado? Muy bien. Habréis visto que son sólo doce. Ahora, poned a cuatro personas en la misma habitación, y dadle a cada uno de ellos una frase de la anterior lista, la que sea.
- ¿Y entonces?
- No, ya está. No hace falta pornerla al fuego, pues el ambiente se calentará inmediatamente por sí solo. Sólo hay que hacer que estos freaks personajes interactúen en función a la creencia expresada en su frase, y fácilmente obtendremos unas cinco de horas de yerma discusión.
- Pero, ¿cuánto tiempo hay que dejarla así, ratita?
- Eso no depende de nosotros, Karlos. Depende de lo que den de sí los participantes.
- ¿Y no empacha?
- Bastante. Pero aun así, tiene muchísimo éxito... A pesar de la esterilidad de este plato, su consumo parece ser obligatorio cada cierto tiempo. Pero es como lo de echar mentos a la cocacola.
- ¿Y entonces, por qué la damos?
- Bueno Karlos, porque este programa tiene una función social, y me siento obligada a recomendarle a todo el mundo que TRATEN DE EVITAR LA EJECUCIÓN DE ESTA RECETA. NO LLEVA A NINGÚN LADO. Y NO, NO ES DIVERTIDO. Desde aquí quiero pedirles que lean de vez en cuando esta receta, piensen en ella y vayan aburriéndose poco a poco del tema. Así, cuando se estrene la película, podrán hablar de otras cosas que también existen.
- ¿Por ejemplo?
- Pues como el tebeo de Watchmen. Pero nunca de esa mierda de peli que me van a hacer.
- ¡Ratita!
- ¿Qué?
- ¡Vuelve al sombrero!
- ¡No! ¡Nunca!
- ¡Ven aquí!
- No! No lo hagáis! Freaks! No quiero compartir vuestro destin... mpfff!
- Ehm... bueno amigos, esto ha sido todo por hoy. Desde Las recetitas de Karlos os mando un beso a todos los que nos estáis viendo. Hasta la próxima semana, queridos telespectadores. Por cierto, ¿os he contado ya el chiste de los dos conejos?
A muchos críticos se les achaca no ver las películas que critican. Es un tópico eso de que critican sin ver pero, desgraciadamente, muchas veces es cierto. Debo confesar que yo lo he hecho también, y aunque eso no me convierte en un crítico sí que me convierte en un embustero. Pero bueno, al menos lo digo.
Todo esto viene a que voy a no recomendarles (o desrecomendarles) una película que no he visto, o mejor dicho, que no he terminado de ver.
Un funeral de muerte, la nueva película de Frank Oz es una comedieta en torno a... sí, un funeral. A partir de ahí, saquen por favor el manual de situaciones graciosas que se podrían dar en semejante acto público, hagan una lista y construyan la historia en torno a esas anécdotas, y ya lo tienen hecho.
Tanta previsibilidad en la puesta en escena, el ritmo, la música, las interpretaciones, la estructura y los diálogos provocaron que, a eso del segundo rollo, me saliese de la sala y me agarrase a una cerveza. Tengo la sensación de haber salido ganando.
Es una pena, porque Frank Oz merece nuestra estima por muchas razones: Ha dirigido Cristal Oscuro, Un par de seductores, Bowfinger el pícaro y la imponderable La tienda de los horrores, una película que marcó mi infancia y que hoy sigo viendo con admiración. Y además, es el Maestro Yoda.
Pero no olvidemos que el bueno de Frank es también el responsable de La llave mágica (Uf...), The score (Arf...) y Las mujeres perfectas (Agh...). Desgraciadamente, la del funeral pertenece a este grupo.
Si Un funeral de muerte se hubiese hecho en los años ochenta, setenta, cincuenta o treinta, podría haber sido calificada como la comedia de funerales definitiva, porque no está MAL MAL. El problema es que es tan de manual, viene tan masticada ya, que hoy en día, con la cantidad de parodias que se han hecho sobre la muerte y el límite al que han llegado el humor y el buen gusto, es difícil que algo tan clásico, tan inglés (en el peor sentido) en sus formas e intenciones pueda tener alguna vigencia hoy en día.
(tomemos un descanso para asimilar estas frases tan largas con subordinadas dentro de las subordinadas, que me mareo...)
Pues eso, que uno tiene la sensación de que los artífices de esta película se han quedado atrapados en el tiempo, que no han sabido evolucionar más allá de los gloriosos ochenta y su discurso ha quedado obsoleto. Ahí falta un buen Steve Martin, alguien con verdadero CARISMA para hacernos tragar los gags del muerto equivocado, del muerto por los suelos o del cuñado en pleno trip lisérgico.
No me atrevería a llamarla Un funeral de mierda, pero casi.
Ahora que Tarantino y Rodriguez han puesto el término Grindhouse en la boca de todos los culturetas, que una oportunista distribuidora nos metió dos alegres subproductos por el precio de uno y hasta les envejeció los pósters aposta (!), que a Jordi Costa le mandan doscientos artículos sobre el tema, y que en el ultrapedante Cahiers du Cinéma hay uno que le da cinco estrellas, ahora que se populariza el cine cutrón y al que no sepa lo que significa “grindhouse” le miran como si hubiese acabado de aterrizar de Urano...
(aunque he de decir que en mi cine comentamos, entre risas, que a ver cuánto tardaba en aparecernos algún despistado quejándose de que la copia estaba mal. Bueno, pues tardó en aparecer UN día. En serio, alguien se quejó, fue una señora. Probablemente una señora de Urano).
...ahora, digo, es el momento de hablar un poco de Grindhouse en sí, que ya hemos visto las dos todos. Y además Juanjo va por la vida provocando y eso no puede ser...
Bueno, no me voy a meter en el tema de que la Miramax haya mutilado la cinta original, dividiéndola en dos y escatimándonos los divertidos trailers falsos. Sólo diré que, tratándose de una película que rinde tributo a las copias maltratadas y recortadas, ¿qué mejor que ponerlo en práctica desde la misma distribuidora? Gracias a esto, han logrado un rollo metalingüístico precioso que nadie se esperaba. Ni siquiera sus autores!
Chorradas aparte, dejemos una cosa clara desde el principio, y que es fundamental: Grindhouse no es uno de esos enésimos y habituales revival de un género, por mucho que puedan quererlo así el País de las Tentaciones o los suplementos dominicales de turno. No se trata sólo de repetir los esquemas de esas viejas, olvidadas y psicotrópicas películas sin más, apelando al sentido de la nostalgia del personal. ¿Qué valor tiene eso? Para ver esas películas ya existen esas películas, lo demás es una artimaña comercial sin sentido.
¿O no? Porque vaya par de mierdacas...
Tarantino y Rodriguez no son Steven Soderbergh o Peyton Reed, afortunadamente. Y no pienso pestañear al decir que Tarantino y Rodriguez son dos de los más grandes cineastas contemporáneos. Ahí es nada. Su importancia, talento e influencia todavía no han sido justamente valorados (especialmente en el caso de Rodriguez), pero tiempo al tiempo.
A lo que iba, que me despisto. El revisionismo cómplice y sin más no es para dos directores de este calibre. Grindhouse es el homenaje que dan Rodriguez y Tarantino a ese cine que les crió, una respuesta treinta años después que no consiste en repetir sus tics literalmente, sino en emplear sus elementos más reconocibles e integrarlos en el discurso particular de cada autor.
A Robert Rodriguez la ocasión le viene al pelo, pues su espíritu encaja a la perfección con los estándares del cine que homenajea. Si su cine ya solía contar con sangre, efectos digitales cantosos, explosiones, tiros, mejicanos, tías buenas, chistes malos, miembros de su familia y vengadores misteriosos, añadámosle esa textura gastada, esos saltos de plano, esa línea argumental delirante y los rollos perdidos (el hallazgo narrativo del año), ¿y qué tenemos? Pues no una película de género más, sino la Película Definitiva del Género, un brillante mostrenco hiperhormonado que no se lo salta un gitano.
Eso es así.
Por otra parte, el interés de Tarantino no es multiplicar, como su compañero de fatigas, sino retorcer el género, realizar experimentos con su forma, su estructura y sus clichés. Todas sus películas son reflexiones o tarantinizaciones de géneros establecidos, no meros corta-pegas, y Tarantino juega con el material que le ofrece cada género, utilizando sus tipos, arquetipos y estereotipos a su antojo. Death Proof es una peli de Tarantino como cualquier otra (diálogos épicos, jugueteos narrativos, sexualidad siempre latente, situaciones al límite, personajes fuertes, una comicidad inagotable, influencias europeas...), en vez de con tíos en un almacén, con coches. En vez de con madres vengativas, con mujeres jóvenes y guapas.
Y además, añade a su lenguaje un recurso apenas empleado: los propios elementos de proyección como las alteraciones de rollos, los empalmes, el sonido que se va y viene... En Death Proof no se reproduce o se magnifica ese cine barato, sino que el estilo de Tarantino lo fagocita a su manera.
La diferencia entre ambas partes queda clarísima en los títulos de crédito finales de cada una. Como no se acordará ni el gato, lo cuento, para el que no se haya echado a dormir todavía. En los de Planet Terror se cuelan trozos en blanco, una cuenta atrás, tiembla el negativo, etcétera, mientras van apareciendo las letras a trancas y a barrancas. En los de Death Proof también se cuelan “trozos perdidos”, en este caso unos fotogramas en los que aparecen sonrientes señoritas posando para la cámara con una carta de color al lado (cosas de los laboratorios, para comprobar que la copia está bien de color y tal). ¿Se acuerda alguno? Bien. La diferencia entre ambas es que, mientras que en Planet Terror esas cagadas aparecen sin orden ni concierto, como queriendo que parezca accidental, en los créditos de Death Proof los insertos siempre aparecen... ¡al ritmo de la música!
Es decir: voluntariamente y con alevosía.
Así, todo queda redondo.
La reproducción, multiplicación y devoción al género nos la ofrece Rodriguez, mientras Tarantino brinda la asimilación, flexión y reflexión. Dos autores en plena forma que conforman un perfecto programa doble como homenaje a los programas dobles, dos caras de la misma moneda, fieles a si mismas pero indivisibles, igual de geniales y de necesarias la una para la otra.
Y ante eso, yo sólo puedo quitarme el sombrero, la camiseta y los pantalones si hace falta.
Vengo de ver Harry Potter y la Orden del Fénix (HP5 a partir de ahora, porque es más corto y porque cuando lo escribo me suena dentro de la cabeza la palabra HijoPuta y me río un poco). No quiero detenerme demasiado en tamaña bazofia pues lo único que merece es no ser vista y que nos olvidemos pronto de que alguna vez existió, pero me viene bien para el argumento que quiero soltarles.
"Lo perderás todo". Todo no, pero los seis euros y medio ya los he visto.
Resulta que HP5 es una película sin alma, como si la hubiese hecho una máquina, cosa que ya ocurrió con la entrega anterior, pero no así con las tres primeras. A pesar de tener sus fallos, se notaba la mano del director y el cariño y respeto por la obra original por parte de los responsables. Se lo curraban, en definitiva. Chris Columbus hizo un trabajo encomiable en las dos primeras partes, esforzándose por trasladar con la mayor fidelidad posible el trabajo de la Rowling, y preocupándose en darle su tiempo a las situaciones y los diálogos. Con mayor o menos fortuna, pero se nota que esas dos películas están hechas con cariño y mucho oficio. Y el grande de Alfonso Cuarón realizó un gran trabajo con El prisionero de Azkabán, si bien la parte final cae en picado y desmerece el conjunto.
Lo que se ha hecho a partir de ahí, sin embargo, no tiene nombre. Sabiendo que las películas iban a funcionar, los responsables de Harry Potter han decidido tirar a lo seguro, contratando directores y guionistas de segunda (o sea, baratos y maleables), dándoles igual la calidad de la película porque total, la gente la va a ver igual la firme Bergman o Mariano Ozores.
Las acciones suceden porque sí, los diálogos son precipitados y los personajes (quizá lo más importante de cualquier historia) no pueden estar más maltratados. Y por favor, que alguien deje de darle hormonas al niño que hace de Harry, que un día de estos va a petar la camiseta en plan Hulk.
A lo que iba. Las tres primeras pelis pretendían ser una transcripción fiel del libro. Las dos últimas se limitan a ser una fotocopia a la que le faltan páginas y la tinta se ve grisácea.
Y sin embargo, el público disfrutó. La gente se reía con los chistes peor metidos del mundo, y se asustaba con los sustos más gratuitos y predecibles que se han visto en mucho tiempo. Por un momento pensé que estaban locos. Luego me di cuenta de que probablemente el loco era yo. Al espectador medio le daba igual que la historia estuviese mal contada (¿cómo entran Harry y sus amigos en el Ministerio? ¿Por qué los Weasley deciden hacer un ataque terrorista en medio del examen?). Y lo más importante: ¿Dónde coño se han metido Chris Columbus y J.K. Rowling?
Lo único que merece la pena de HP5, y no sirve para nada.
Verán, mis cuatro gatos, y este es el argumento que decía al principio: hay dos tipos de artista. Los que lo hacen porque lo sienten, y los que lo hacen para follar. El primer tipo busca, experimenta, juega, quiere contar algo, emocionar, divertir y divertirse. El segundo tipo se apoya en recursos ya utilizados y de probada eficacia, se esfuerza poco, no busca. Para qué, si ya sabe que lo que hace va a funcionar. Todos conocemos ejemplos de los dos tipos, y con el tiempo uno agudiza el sentido que permite diferenciarlos.
Harry Potter 5 me ha follado una vez, y no pienso repetir. Pero con gente como Cuarón o Spielberg yo haré el amor tantas veces como ellos quieran, aunque a veces les falle la pistola.
Porque esa es la diferencia entre un artista y un hijo de puta.
(Volveremos a este tema el día que me decida a hablar sobre el apasionante mundo del cortometraje)