Una buena y una mala.
Aquí está mi crítica de JCVD en Kane3. Es magnífica. La película.
Toma!
Y el que quiera leerse la de Santos, ese despropósito mayúsculo, la puede leer aquí.
Un tipo desorientado.
7 Noviembre 2008
Aquí está mi crítica de JCVD en Kane3. Es magnífica. La película.
Toma!
Y el que quiera leerse la de Santos, ese despropósito mayúsculo, la puede leer aquí.
Un tipo desorientado.
12 Octubre 2007
A muchos críticos se les achaca no ver las películas que critican. Es un tópico eso de que critican sin ver pero, desgraciadamente, muchas veces es cierto. Debo confesar que yo lo he hecho también, y aunque eso no me convierte en un crítico sí que me convierte en un embustero. Pero bueno, al menos lo digo.
Todo esto viene a que voy a no recomendarles (o desrecomendarles) una película que no he visto, o mejor dicho, que no he terminado de ver.

Un funeral de muerte, la nueva película de Frank Oz es una comedieta en torno a... sí, un funeral. A partir de ahí, saquen por favor el manual de situaciones graciosas que se podrían dar en semejante acto público, hagan una lista y construyan la historia en torno a esas anécdotas, y ya lo tienen hecho.
Tanta previsibilidad en la puesta en escena, el ritmo, la música, las interpretaciones, la estructura y los diálogos provocaron que, a eso del segundo rollo, me saliese de la sala y me agarrase a una cerveza. Tengo la sensación de haber salido ganando.
Es una pena, porque Frank Oz merece nuestra estima por muchas razones: Ha dirigido Cristal Oscuro, Un par de seductores, Bowfinger el pícaro y la imponderable La tienda de los horrores, una película que marcó mi infancia y que hoy sigo viendo con admiración. Y además, es el Maestro Yoda.

Pero no olvidemos que el bueno de Frank es también el responsable de La llave mágica (Uf...), The score (Arf...) y Las mujeres perfectas (Agh...). Desgraciadamente, la del funeral pertenece a este grupo.
Si Un funeral de muerte se hubiese hecho en los años ochenta, setenta, cincuenta o treinta, podría haber sido calificada como la comedia de funerales definitiva, porque no está MAL MAL. El problema es que es tan de manual, viene tan masticada ya, que hoy en día, con la cantidad de parodias que se han hecho sobre la muerte y el límite al que han llegado el humor y el buen gusto, es difícil que algo tan clásico, tan inglés (en el peor sentido) en sus formas e intenciones pueda tener alguna vigencia hoy en día.
(tomemos un descanso para asimilar estas frases tan largas con subordinadas dentro de las subordinadas, que me mareo...)
Pues eso, que uno tiene la sensación de que los artífices de esta película se han quedado atrapados en el tiempo, que no han sabido evolucionar más allá de los gloriosos ochenta y su discurso ha quedado obsoleto. Ahí falta un buen Steve Martin, alguien con verdadero CARISMA para hacernos tragar los gags del muerto equivocado, del muerto por los suelos o del cuñado en pleno trip lisérgico.
No me atrevería a llamarla Un funeral de mierda, pero casi.
Bueno, qué demonios: Es Un funeral de mierda.
28 Marzo 2007
Tristram Shandy (A cock & bull story), de Michael Winterbottom.
Hay que verla para creerla. Similar a Adaptation, pero esta me parece aún mejor. Un festín metalingüístico que adapta una novela supuestamente inadaptable, La vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero, escrita por Laurence Sterne en el siglo XVIII. Todo está bien en esta película, la primera que veo de Winterbottom (el cual se ha ganado todo mi respeto, mi confianza y mi cariño). Tiene un ritmazo y los actores están todos de diez. No es que sólo sea genial, es que además es simpática. La mejor de la cartelera, sin dudas.

El último show (A prairie home companion), de Robert Altman.
La despedida del maestro Altman, acerca de los integrantes de un programa radiofónico que se retransmite desde un teatro desde hace treinta años, que dan su último show pues el teatro va a ser demolido. Con esta excusa, Altman nos ofrece un espectáculo de folk y country bienintencionado absolutamente encantador, con personajes entrañables y ese espíritu americano rancio revoloteando que a mí tanto me gusta. Descacharrantes los chistes malos de Woody Harrelson y John C. Reilly, una Meryl Streep absolutamente adorable. Hasta Lindsay Lohan me gusta. Y por supuesto, el alma de la fiesta, Garrison Keillor, creador y conductor de A prairie home companion y guionista de la película. A mí me das folk y humor americano del bueno durante hora y media, y me tienes conquistao.

300, de Zack Snyder
Decepcionante, arrítmica y fallida. Con varios aciertos parciales (Gerald Butler, las secuencias de acción –tienen lo que más me puede gustar de las secuencias de acción: que sean muy largas- y la fidelidad al tebeo, haciéndolo aún más facha si cabe), la peli no llega a emocionar ni a interesar demasiado. ¡Y basta ya de ralentizados gratuitos! ¡Y de escenas lentas en los trigales! Eso sí, es un regalo para la vista, y estoy seguro de que nunca se ha hecho una película así. Sin embargo, la idea no da para más de tres cuartos de hora. Una pena, y más aún viniendo de alguien que se mostró tan majete en El amanecer de los muertos. ¡¡Una pena!!

14 Marzo 2007
(Aviso, voy a hablar de la peli y puedo destripar algo...)
Resulta que un tipo tiene una empresa, pero se hace pasar por un empleado cualquiera y se inventa un director fantasma al que nadie ha visto. Todo marcha bien durante años, hasta que una empresa más grande decide comprar la empresa del tipo, y exige ver al Director. Para salvar el escollo, el tipo recurre a un actor en paro con la intención de que se haga pasar por el director de la empresa y así no tener que desvelar su secreto ante nadie. A partir de entonces, todo se complica, y tenemos una comedia.

De eso va El jefe de todo esto, la nueva película de Lars Von Trier que se estrena esta semana. Von Trier es un tipo que suele llevar asociada la palabra “polémica” en casi todas las frases que se refieren a él. Creó el movimiento Dogma y fue el primero en olvidarse de él. Parodió los musicales en Bailar en la oscuridad, y comenzó con Dogville una trilogía sobre Estados Unidos, país que nunca ha pisado. Eso y sus numerosos experimentos con el cine (entendido como medio y lenguaje), como Cinco condiciones, le han convertido en un tipo, sí, polémico. O se adora o se odia, y demás tópicos. Pero en lo que están de acuerdo tanto detractores como defensores es en que “eso sí, este tío es muy listo...”

A mí lo que me gusta de Von Trier es que todas sus películas tienen un doble significado, y que él hace la broma para ver quién la pilla. Así, Bailar en la oscuridad era una historia trágica a más no poder que escondía unas buenas risas a costa del género musical (1), y ejemplos así los puedes encontrar a puñados en su filmografía.
Lo que está claro es que a Von Trier le gusta jugar con el espectador y tratar de venderle gato por liebre o mejor dicho, liebre por gato. Decía Hitchcock que casi todos los directores sólo se preocupan de ellos y de su película, olvidándose del tercer y fundamental miembro de la relación: el espectador. Hitchcock tiene en cuenta al espectador, y Von Trier también. Son gente que, a pesar de sus hinchados egos, saben que el cine es para la gente y no para ellos solos, y quizá sea esta la cualidad que más valoro en un cineasta.
El jefe de todo esto no podía ser menos, y aunque se nos presenta como una obra “menor” del danés, como una comedieta ligera y sin pretensiones, tiene un subtexto de lo más vontrierano y mucha miga que sacarle.

Von Trier no ha parado de decir en las entrevistas que El jefe de todo esto es sólo una comedia. Pero algo chirría cuando ves que en la propia película aparece el mismo Von Trier para recordarnos que esta película es sólo una comedia. ¡Y lo hace tres veces! Sospechoso, eso es que esconde algo. El secreto para pillar un truco de magia está en mirar hacia donde el mago no quiere que mires. Y Von Trier, como prestidigitador que es, nos está engatusando con esos subrayados. Seguramente no con la intención de engañarnos, sino para ver quién es el listo que le pilla.
Porque sí, es cierto, la película va de lo que he contado en el primer párrafo, ese es su argumento y no depara sorpresas que uno no pueda esperar de una comedia. Pero ese es sólo el gato. La liebre, la chicha, la encontraremos si tenemos en cuenta esto: el protagonista de la película es un actor (2).

En la primera secuencia de la película vemos al Actor repasando el texto que le ha pasado el verdadero director, unas simples anotaciones y las frases exactas que el Actor debe decir para que todo salga bien. Sin embargo, el Actor se lo toma como si de un texto teatral se tratase, preguntándole al director cuáles son las motivaciones de su personaje y demás cuestiones, que terminan poniendo de los nervios al pobre director. Así, el director se da cuenta de que la cosa no va a ser tan sencilla y de que, creyendo que el Actor estaba a su servicio, la cosa es más bien al revés.
O resumido: tenemos a un tipo (el director real), que tiene un plan. Y para llevarlo a cabo, necesita a un actor. No tiene más remedio, debe ponerse en sus manos y confiar. ¿Y qué hace el actor? Terminar volviendo loco al director (3).
Por si fuera poco, el personaje del director de la empresa (que es con quien Von Trier se identificaría) no es un pobre tipo encantador, sino un verdadero hijo de puta sin escrúpulos, un manipulador que los ha engañado a todos. Así es como los demás, comandados por el Actor, le terminan viendo, incluido el espectador, que puede pensar satisfecho que al final ha tenido su merecido.
Sin embargo, el director es el que más ha sufrido durante toda la película, y lo peor es que no puede hacer nada por evitarla. Sólo puede ver cómo todo se le escapa de las manos por culpa del Actor. Al fin y al cabo, el director es un pobre hombre que intenta que el proyecto salga adelante. Y el Actor, que no tiene ni idea del proyecto pero es vital para su realización, termina imponiendo su ley, llevándose el mérito de todo y convirtiéndose en el verdadero “Jefe de todo esto”.
En cuanto a la realización de la película, debo señalar la utilización de un sistema llamado AutomaVision, en el que es un ordenador quien decide los encuadres y el sonido. Según Von Trier, esto elimina todo elemento humano o subjetivo en lo que al punto de vista se refiere, quedándole una película más cercana a la verdad al no estar sujeto el encuadre a la decisión de una persona. O dicho de otra manera: no le puedes criticar de manipulador, pues la historia es la que es y los planos los escogió un ordenador.
La decisión de rodar en AutomaVision no es arbitraria de ninguna manera. El rodaje con este sistema no es un simple experimento: es una manera de alejarse de la historia y que sea esta la que hable, no el director. En una película que trata acerca de las relaciones entre Director y Actor, Von Trier decide ser lo más objetivo posible y delega en una máquina.
Toda una declaración de intenciones, ¿no?
NOTAS
(1). Quizá sea al revés, y se trate de un musical que se mofa de las tragedias clásicas. Lo que está claro es que es una película que te habla de los tópicos del musical y hasta te cuenta al principio cómo va a terminar... y aún así el espectador sufre y se emociona con la peli, y cuando termina se sientes como un imbécil por haber caído en el truco a pesar de que te lo hayan contado, y sale diciendo “¡maldito Von Trier, me la ha colado!” Un poco a lo que juegan Shyamalan en El bosque y Christopher Nolan en la increíble The prestige.
(2). Para quien no lo sepa, Von Trier se ha caracterizado durante mucho tiempo por su absoluto desdén hacia los actores, descalificándolos siempre que ha podido y haciéndoselas pasar muy putas en los rodajes. Es famoso el caso de Björk, que protagonizó Bailar en la oscuridad y terminó tan traumatizada del rodaje que renunció volver a dedicarse al cine y menos bajo las órdenes de Von Trier. Una de las anécdotas que más me gustan la contaba un actor de Dogville en los extras del dvd. Un día, en el rodaje, hicieron la pausa para comer y todos se fueron al restaurante, momento en el que Von Trier se quedó parado en medio del plató y espetó con una enorme sonrisa: “¿Qué estoy oyendo? ¿Ruido de actores marchándose? ¡Qué sonido más delicioso!”. O algo así, más o menos. Por eso, y conociendo la tan particular relación que mantiene el bueno de Lars con el gremio de la actuación, una película suya cuyo protagonista sea un actor tenía que ser jugosa por narices.
(3). Ya no sé si estoy hablando de un director de empresa o de un director de cine.
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