La Coctelera

el de cine

Categoría: La voz de la experiencia

9 Noviembre 2008

Gatos

Dice mi muy estimado Sánchez Dragól en su blog que el gato es el animal favorito de los escritores. Y que ni hablar de los perros, por favor, que son unos democristianos.

Aunque siempre digo que los gatos nunca me han gustado especialmente, sueño a menudo con ellos y siento mucha simpatía por los grandes felinos. Pero un gato doméstico es otra cosa. Cuando tenía cuatro años, en México, mis padres solían visitar a unos amigos que tenían un gatito, un chachorro como yo llamado Demóstenes (al que yo sólo alcanzaba a llamar Mókenes). En mi casa cuentan que, en cuanto me veía aparecer por la puerta, el pobre gato salía disparado en dirección opuesta, tan temibles eran mis modales con el animal. Por lo visto, un día el chiquito se escondió debajo del sofá y yo, con mis maneras de querubín, lo saqué de ahí a paraguazos. Me cuentan también que lo cogía del rabo y le daba una cuantas vueltas en el aire antes de soltarlo. Un día, se lo partí. Y al poco, andando por la calle desorientado, lo atropelló un coche y lo mató.

Llevo encima a Mókenes desde que tengo uso de razón, y además a estos seres.

Esto se supone que es de cine. Bueno, Dragól tiene ficha en imdb.

Y folla más que tú y que yo.

Vale, ¿no?

Tags: drago, batallitas

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28 Abril 2008

Dice Francis.

Si hay un director que, Orson Welles aparte, merezca el apelativo de Titán Cinematográfico, ese es Francis Ford Coppola.

Yo lo sé, y ustedes lo saben, así que no hace falta extenderse mucho más.

Por cierto, sería capaz de jurar que he viajado en metro con Coppola sentado enfrente. Estaba haciendo un crucigrama en castellano. Fueron los diez minutos más descacharrantes de mi vida.

[Extractos de una entrevista de Luis Martínez publicada en El Mundo el 27/4/2008]

Megalopolis

Megalopolis era un proyecto sobre la utopía y, sinceramente, yo estaba seguro hace diez años de que era posible hacer una película así; un filme en el que el protagonista fuera el ser humano, con el talento y el genio suficiente para hacer un mundo mejor. En este paraíso imaginado, la gente, en vez de trabajar, emplearía su tiempo en actividades más productivas y entre todos se construiría una sociedad mejor. No era tan loco pensar, aunque pueda sonar un poco ingenuo, que algo así fuera posible. Quizá era osado imaginarse una historia donde los hombres poderosos emplearan su energía y su capacidad para solucionar todos esos problemas que diariamente vemos en las noticias, de lo que ocurre en Oriente Medio o cualquier otro desastre cotidiano. Pero obviamente algo pasó que hizo imposible esta tesis.

P.- ¿No consiguió el dinero suficiente?

Bueno, era una gran producción y hacía falta mucho dinero. Pero me refería al atentado del 11-S. Nos llevó a 400 años en el pasado y, de alguna forma, un proyecto así, que no es otra cosa que un cuento de hadas, no podía salir adelante bajo la sombra de las torres gemelas.

Las obras maestras

P.- ¿Cómo se siente ante la certeza de que todo aficionado al cine espere de usted un nuevo Padrino o un nuevo Apocalypse Now, o una película tan revolucionaria como La conversación?

Lo que la gente espera no me preocupa. ¿De qué parte del mundo estamos hablando? Recuerdo que cuando se estrenaron cualquiera de las películas que ha citado, la mayoría de ellas no fue bien recibida por la crítica. Lo que ahora se cree que son buenas películas, antes no se tenía tan claro. El cine debe ir por delante de los gustos de la gente. Si te limitas a hacer lo que a la gente le gusta, sólo haces cine comercial.

P.- De hecho, parece asumido que a Apocalypse Now, por ejemplo, le llevase cinco años el llegar a ser considerada una obra fundamental del cine moderno.

La primera reacción fue que era muy extraña, simplemente.

P.- Con el tipo de cine que hace ahora, ¿cree que le pasará lo mismo?

Sí. De hecho, estoy de acuerdo con la reacción de la gente. Yo hice y hago algo que es interesante para mí. Es lógico que la primera reacción sea la extrañeza, pero no me cabe la menor duda de que, a la vuelta de unos años, terminará por resultar interesante. Al principio dirán “pero esto qué es”. Y eso es bueno, porque significa que es algo nuevo.

Moteros tranquilos, toros salvajes.

P.- ¿Qué pasó en los setenta (Scorsese, Friedkin, Bogdanovich) que no pueda volver a pasar ahora?

Fue un tiempo de transición. Los estudios no sabían qué clase de películas querían hacer y nosotros éramos jóvenes y nos presentamos allí y les dijimos: “Nosotros sí lo sabemos”. Y, en realidad, no lo sabíamos. Pero ahora creo que hay gente con el mismo talento que entonces.

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