La Coctelera

el de cine

Categoría: Pepinos

30 Mayo 2008

Entrevista a Vigalondo

Esta semana parece que he currado mogollón: aquí, la entrevista a Nacho Vigalondo en kane3.

Espero que les guste. No, no me pudo hacer la esvástica.

Los Cronocrímenes se estrena el 17 de junio.

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21 Mayo 2008

Indiana, que vienen los rusos!

Ya he visto Indy 4.

No sé qué decir. Me meé encima.

Actualización:
Aquí, mi crítica en kane3.

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29 Abril 2008

De negratas.

Una de las mayores preocupaciones, si no la mayor, de la gente que se dedica a esto del cine viene dada por la siguiente afirmación, casi un dogma de fe: vales lo que vale tu último trabajo. Hay películas que pueden llevar tu carrera a la ruina.

A Ralph Bakshi esta aseveración debía de sudársela bastante, porque la mayor parte su obra la forman películas cuasi-suicidas como la que hoy nos ocupa: Coonskin.

De las otras ya hablaremos otro día, que material desde luego hay.

Pueden encontrar información sobre Coonskin, si saben un poquito de inglés, aquí y aquí.

La película fue duramente recibida por algunas personas, que la interpretaron como una burla hacia los negros. Seguramente fueron los mismos que se indignaron con el mensaje paramilitar de Starship Troopers y la apología a la violencia de La naranja mecánica.

Dice Bakshi: "La película es favorable a los negros en gran medida. Muestra lo que los blancos piensan de los negros. No soy racista. No lo comprendí entonces, y sigo sin comprenderlo. Si fuese un racista del KKK, lo entendería. Pero, ¿cómo entender este abucheo?"

Lo que indignó a estos meapilas fueron cosas como la canción que acompaña a los títulos de crédito iniciales, titulada Walk on (I'm a nigger man) . La letra es del propio Bakshi, mientras que el gran Scatman Crothers puso la música y la interpretó.

Antes de verlo, les cuento la batallita: el enlace del youtube que lleva a los créditos iniciales de Coonskin fue retirado por haber reclamado el copyright la distribuidora (que, por cierto, lo que es distribuir la película, no la distribuye mucho). He tenido ese enlace guardado durante un par de años, hasta que lo quitaron. Afortunadamente, un simpático insensato también lo tiene colgado, y aunque sea a una pésima calidad, pueden disfrutarlo.

(hasta que alguien se dé cuenta... dense prisa)

Hasta el 2:52.

Letra:

I'm a minstrel man
A cleaning man
A poor man
A shoeshine man
I'm a nigga man
Watch me dance

I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on

I been waitin' on the welfare line
The coal line
Gas line, since nine
Now I'm waitin' on the pawnshop line

Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on

I been shot on
Pushed on
Passed on
Gassed on
Red white and blueid on
Now I waitin' to turn on

Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on
I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on

I got a natural black face
Part of my race
And up my sleeve I pulled an ace
That Iim gone die in disgrace
If I stop dancing
And don't let you blow me
anymore in the wind
Because I refuse to come

I got the devil in me it's the man you see
I got the devil in me it's the man you see
Walk on niggas walk on
Walk on niggas walk on

Un gran tema que además supone un inmejorable arranque para una película tan valiente como esta. 1975. A verla!!

Tags: bakshi

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5 Septiembre 2007

Grindhouse me mata.

Ahora que Tarantino y Rodriguez han puesto el término Grindhouse en la boca de todos los culturetas, que una oportunista distribuidora nos metió dos alegres subproductos por el precio de uno y hasta les envejeció los pósters aposta (!), que a Jordi Costa le mandan doscientos artículos sobre el tema, y que en el ultrapedante Cahiers du Cinéma hay uno que le da cinco estrellas, ahora que se populariza el cine cutrón y al que no sepa lo que significa “grindhouse” le miran como si hubiese acabado de aterrizar de Urano...

(aunque he de decir que en mi cine comentamos, entre risas, que a ver cuánto tardaba en aparecernos algún despistado quejándose de que la copia estaba mal. Bueno, pues tardó en aparecer UN día. En serio, alguien se quejó, fue una señora. Probablemente una señora de Urano).

...ahora, digo, es el momento de hablar un poco de Grindhouse en sí, que ya hemos visto las dos todos. Y además Juanjo va por la vida provocando y eso no puede ser...

Bueno, no me voy a meter en el tema de que la Miramax haya mutilado la cinta original, dividiéndola en dos y escatimándonos los divertidos trailers falsos. Sólo diré que, tratándose de una película que rinde tributo a las copias maltratadas y recortadas, ¿qué mejor que ponerlo en práctica desde la misma distribuidora? Gracias a esto, han logrado un rollo metalingüístico precioso que nadie se esperaba. Ni siquiera sus autores!

Chorradas aparte, dejemos una cosa clara desde el principio, y que es fundamental: Grindhouse no es uno de esos enésimos y habituales revival de un género, por mucho que puedan quererlo así el País de las Tentaciones o los suplementos dominicales de turno. No se trata sólo de repetir los esquemas de esas viejas, olvidadas y psicotrópicas películas sin más, apelando al sentido de la nostalgia del personal. ¿Qué valor tiene eso? Para ver esas películas ya existen esas películas, lo demás es una artimaña comercial sin sentido.


¿O no? Porque vaya par de mierdacas...

Tarantino y Rodriguez no son Steven Soderbergh o Peyton Reed, afortunadamente. Y no pienso pestañear al decir que Tarantino y Rodriguez son dos de los más grandes cineastas contemporáneos. Ahí es nada. Su importancia, talento e influencia todavía no han sido justamente valorados (especialmente en el caso de Rodriguez), pero tiempo al tiempo.

A lo que iba, que me despisto. El revisionismo cómplice y sin más no es para dos directores de este calibre. Grindhouse es el homenaje que dan Rodriguez y Tarantino a ese cine que les crió, una respuesta treinta años después que no consiste en repetir sus tics literalmente, sino en emplear sus elementos más reconocibles e integrarlos en el discurso particular de cada autor.

A Robert Rodriguez la ocasión le viene al pelo, pues su espíritu encaja a la perfección con los estándares del cine que homenajea. Si su cine ya solía contar con sangre, efectos digitales cantosos, explosiones, tiros, mejicanos, tías buenas, chistes malos, miembros de su familia y vengadores misteriosos, añadámosle esa textura gastada, esos saltos de plano, esa línea argumental delirante y los rollos perdidos (el hallazgo narrativo del año), ¿y qué tenemos? Pues no una película de género más, sino la Película Definitiva del Género, un brillante mostrenco hiperhormonado que no se lo salta un gitano.


Eso es así.

Por otra parte, el interés de Tarantino no es multiplicar, como su compañero de fatigas, sino retorcer el género, realizar experimentos con su forma, su estructura y sus clichés. Todas sus películas son reflexiones o tarantinizaciones de géneros establecidos, no meros corta-pegas, y Tarantino juega con el material que le ofrece cada género, utilizando sus tipos, arquetipos y estereotipos a su antojo. Death Proof es una peli de Tarantino como cualquier otra (diálogos épicos, jugueteos narrativos, sexualidad siempre latente, situaciones al límite, personajes fuertes, una comicidad inagotable, influencias europeas...), en vez de con tíos en un almacén, con coches. En vez de con madres vengativas, con mujeres jóvenes y guapas.

Y además, añade a su lenguaje un recurso apenas empleado: los propios elementos de proyección como las alteraciones de rollos, los empalmes, el sonido que se va y viene... En Death Proof no se reproduce o se magnifica ese cine barato, sino que el estilo de Tarantino lo fagocita a su manera.

La diferencia entre ambas partes queda clarísima en los títulos de crédito finales de cada una. Como no se acordará ni el gato, lo cuento, para el que no se haya echado a dormir todavía. En los de Planet Terror se cuelan trozos en blanco, una cuenta atrás, tiembla el negativo, etcétera, mientras van apareciendo las letras a trancas y a barrancas. En los de Death Proof también se cuelan “trozos perdidos”, en este caso unos fotogramas en los que aparecen sonrientes señoritas posando para la cámara con una carta de color al lado (cosas de los laboratorios, para comprobar que la copia está bien de color y tal). ¿Se acuerda alguno? Bien. La diferencia entre ambas es que, mientras que en Planet Terror esas cagadas aparecen sin orden ni concierto, como queriendo que parezca accidental, en los créditos de Death Proof los insertos siempre aparecen... ¡al ritmo de la música!

Es decir: voluntariamente y con alevosía.

Así, todo queda redondo.

La reproducción, multiplicación y devoción al género nos la ofrece Rodriguez, mientras Tarantino brinda la asimilación, flexión y reflexión. Dos autores en plena forma que conforman un perfecto programa doble como homenaje a los programas dobles, dos caras de la misma moneda, fieles a si mismas pero indivisibles, igual de geniales y de necesarias la una para la otra.

Y ante eso, yo sólo puedo quitarme el sombrero, la camiseta y los pantalones si hace falta.

¡Precioso!

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22 Mayo 2007

John Huston

Este artículo está reciclado del otro blog que tenía, pero como habla de cine y es el primero de una serie sobre autores que espero tenga continuidad, he visto adecuado ponerlo aquí. Lo he completado un poco más, para que no sea exactamente igual que el otro y no se me acuse de timador o autoplagiario (1).

Bueno, pues esto trata sobre John Huston.

Orson Welles, gran amigo suyo, decía que las películas de Huston no eran tan interesantes como su propia vida. Ahora hablaremos de ello con más calma, pero no debemos olvidar que Huston cuenta con una filmografía más que envidiable, repleta de grandes películas y salpicada por unas cuantas rarezas que hacen de su obra una de las más estimulantes de la historia del cine.

Entre sus películas están El halcón maltés (menudo debut, y menudo Bogart, y menudo todo), La reina de África, Vidas rebeldes, La jungla de asfalto , El tesoro de Sierra Madre y la grandísima Dublineses, una despedida más que digna y que fue dirigida por un Huston enfermísimo que moriría poco después de rodarla.

Y tiene dos entrañables marcianadas: La burla del diablo, una de las películas más raras de su época, con un delirante guión (¿guión?) de Truman Capote, un reparto que se lo pasa de miedo (Bogart, Gina Lollobrigida, Jennifer Jones, Peter Lorre), y la sensación de que con esa película se inventó algo. No se sabe bien qué, pero algo se inventó (2).

La otra marcianada es El último de la lista, una película con un reparto imposible y de la que prefiero no decir nada para asegurarles a ustedes la cara de nabo que se les va a quedar cuando terminen de verla. Impresionante peliculilla.

Y me dejo para el final mis dos favoritas:

Moby Dick. Si juntamos una de las novelas más chulas del mundo con John Huston, ¿qué podíamos esperar? Pero es que, si además tenemos al genio de Ray Bradbury escribiendo un guión fiel a la vez que personal, a un Gregory Peck pasadísimo de rosca, un rodaje en Irlanda y las Canarias, una dirección de arte fabulosa y a un Orson Welles al que le bastan tres o cuatro planos para convertir su pequeña intervención en oro puro, pues ya tenemos lo que faltaba para el duro: un deleite, una película rara, entrañable, original y con mucha garra.

Y después tenemos la gran película de Huston, El hombre que pudo reinar: ¡la mejor película de aventuras del mundo! Adaptando el libro de Rudyard Kipling, El hombre que pudo reinar cuenta la historia de dos amigos, masones y vividores, que como culminación de una vida de aventuras y trapicheos, deciden irse a un lejano país de oriente a ser reyes y vivir como... bueno, pues como reyes, claro. Humor, aventuras, masones, música de Maurice Jarre, decorados de Alexandre Trauner y, sobre todo, dos amigos con mayúsculas interpretados por un Michael Caine y un Sean Connery en su mejor momento. La película perfecta.

Pero el bueno de Welles tenía razón con Huston: si sus películas son buenas, su vida ya roza la locura. Huston era un rebelde, un aventurero y un cachondo. Aficionado al arte, los caballos y la bebida, se casó cinco veces y murió felizmente en su casa mexicana frente al mar. Huston era un renacentista, o al menos todo lo renacentista que se pueda ser en el siglo XX: pintor, boxeador, escritor y director de cine. Luchó en la guerra, se peleó a puñetazos con medio Hollywood, fue a todas las fiestas, ganó fortunas que perdería al poco tiempo y fue un gran defensor de la libertad y los derechos civiles. Y sí, no nos engañemos: como todos los grandes personajes, también era un hijo de puta. Pero a este tipo de personas yo se lo perdono todo.

Leer sus memorias es una experiencia encantadora: visitar el viejo Hollywood de la mano de un hijo de perra socarrón y borrachín, leer sus anécdotas en la Segunda Guerra Mundial, en África, en Irlanda o en México es todo un regalo. Un tipo que supo desarrollar su vida en todos los aspectos y a todos los niveles.

No quiero contar nada, porque leer sus memorias debería ser asignatura obligatoria para todo bicho viviente y no pienso destripar nada. Sólo pondré un párrafo del libro, que no me ha costado mucho encontrarlo porque está en la contraportada:

“Mi vida se compone de episodios fortuitos, tangenciales y dispares. Cinco esposas, muchos enredos, algunos más memorables que los matrimonios. La caza. Las apuestas. Pintar, coleccionar, boxear, escribir, dirigir e interpretar películas. Desisto de encontrar cualquier continuidad en mi trabajo. Tampoco puedo encontrar un ápice de coherencia en mis matrimonios. Ninguna de mis esposas ha sido ni remotamente parecida a las otras... y ciertamente ninguna de ellas se parecía a mi madre. Forman un grupo heterogéneo: una colegiala, una dama, una actriz de cine, una bailarina y un cocodrilo.” (3)

Clint Eastwood hizo una película llamada Cazador blanco, corazón negro, que va sobre Huston y el rodaje de La reina de África. Capta bastante bien el carácter de este hombre, aunque nada mejor que el libro. Yo lo he leído un par de veces, y siempre me ha dejado una sensación de alegría y de ganas de hacer cosas importantes... o al menos, cosas que merezcan la pena ser vividas y contadas, como las que hizo este exprimidor de vida.

Un must!

NOTAS:

1. Qué fuerte lo del Bryce Echenique, por cierto, que le han llovido críticas por todos lados ya que parece ser que ha plagiado a diestro y siniestro. Por lo visto, el tipo se agarra unas melopeas de campeonato (todos hemos participado en un campeonato de melopeas) y luego no se acuerda de lo que escribe, o de lo que copia o del portal en el que vive. Otros dicen que es un error de la secretaria. Y otros, que es todo un complot contra los escritores peruanos que están en contra de Fujimori. Apasionante, ¿eh? Por mi parte, he decidido que mi defensa perfecta para todo será que, en realidad, mis artículos los escribe un chimpancé que aporrea las teclas. La culpa fue del chimpancé. Mejor eso que lo del complot, ¿no?

2. Y un detalle para los freaks: Robert Capa fue el fotofija, que para algo era colega de Huston, y el entrañable y recientemente fallecido Freddie Francis llevó la cámara.

3. El libro está actualmente descatalogado en castellano, pero yo se lo presto si me lo piden y son de confianza.

Tags: john huston

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26 Abril 2007

Gritos en el pasillo

“Estoy harto de los actores, mi próximo proyecto lo voy a hacer con seres más manejables. Cacahuetes, por ejemplo. Uhm...”

Esto es, grosso modo, lo que pensó Juanjo Ramírez cuando todavía no había terminado la carrera y hacía cortos baratos con los que foguearse, como todo aspirante a realizador que se precie. La idea no sólo hizo gracia en su círculo habitual, sino que gustó. Y mucho, más que al propio Juanjo incluso, que vio crecer esa idea más de lo que podía sospechar. Y así, lo que empezó siendo un corto-trailer-práctica más, terminó siendo un largometraje que dentro de un mes se estrenará en cines. El sueño húmedo de cualquier cinero hecho realidad.

Pero no crean que ha sido fruto de la suerte, de enchufes o de cualquier otro recurso habitual en este mundillo: tras Gritos en el pasillo, que es como se llama la película, hay unos cuantos años de esfuerzo, trabajo duro y malos ratos. Desgraciadamente, así es como suelen hacerse realidad los sueños. Pero si a todo el trabajo duro y los malos ratos se le suma el enorme talento del equipo que ha realizado la película, los dioses deberían estar muy locos para no concederle su sueño a este majorero de 28 años.

Y es que hay que tener talento (Juanjo y su equipo) para:

1. Escribir un guión cuya gracia no empiece y termine en que sus protagonistas son cacahuetes, sino que vaya más allá y construya una historia emocionante, inteligente, divertida y repleta de personajes encantadores. Que sean cacahuetes es algo casi anecdótico en esta historia.

2. Juntar a un grupo de actores tan capaces y entregados que puedan hacerte creer que esos cacahuetes pintados a mano tienen vida y personalidad propia. Gracias a sus voces, a los tres minutos de proyección te has olvidado de que estás viendo a unos aperitivos baratos menearse ante la cámara.

3. Superar el gran desafío técnico que supone encuadrar y enfocar objetos de 4 centímetros con una cámara diseñada para encuadrar y enfocar seres humanos, iluminar unos decorados del tamaño de una mesa, mover los cacahuetes, etcétera. Y no sólo hacerlo, sino hacerlo bien.

4. Construir un entorno coherente para esos cacahuetes; desde el manicomio hasta el autobús, pasando por la infinidad de muebles, cuadros y accesorios que aparecen en la película. Todo ello con un presupuesto ínfimo y usando materiales reciclados, cuando no directamente sacados de la basura. Repito: no es sólo hacerlo, es hacerlo bien.

5. Por si fuera poco, contar con una realización cuidada, en la que cada plano tiene su intención, mostrando a un director consciente de su trabajo.

6. Componer una banda sonora que es tan buena que no puede ser de verdad.

7. Y sobre todo, mantener la integridad en todo momento: la de Juanjo y la de su equipo. El respeto hacia el trabajo de todos ha sido siempre una de las premisas fundamentales del proyecto. Gracias a su integridad, Juanjo ha conseguido mantener durante tres años y pico a un equipo de lo más variopinto, que se ha desvivido por la película desde el primer día hasta el último.

La historia ya la sabrán los cuatro gatos que pululan por aquí, pero por si acaso, yo se la cuento a los despistados: a un lúgubre MANÍcomio llega un ilustrador de libros infantiles. Su misión es pintar las paredes de tan deprimente lugar, con la intención de alegrar un poco el ambiente. Sin embargo, tras las paredes del "Centro de caducados mentales" se esconden horribles secretos que terminarán afectando al pobre dibujante...

Quiero que vean Gritos en el pasillo. Se lo pido por favor. No lo digo sólo porque le tengo cariño a la peli y a su director (aunque es evidente que se lo tengo a ambos). Quiero que la vean porque es algo único: nunca se ha hecho nada igual, y menos en nuestro país.

No esperen ver un gran film de cinco estrellas. Gritos en el pasillo no lo es, ni lo pretende: es una película pequeñita, hecha con cariño. Pero condensa una creatividad y talento que apenas caben en sus apretados ochenta minutos, y que hacía tiempo que no se veían por aquí. Esta película es para los que sospechaban que el cine en nuestro país podría ser algo más de lo que es. Pues por fin sale algo nuevo e interesante de la cantera. Un tipo al que mejor será no perderle la pista: Juanjo Ramírez.

Web: www.gritosenelpasillo.es
Estreno: 25 de mayo (adivinad en qué cine...)

Tags: cacahuetes

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14 Marzo 2007

El jefe de todo esto

(Aviso, voy a hablar de la peli y puedo destripar algo...)

Resulta que un tipo tiene una empresa, pero se hace pasar por un empleado cualquiera y se inventa un director fantasma al que nadie ha visto. Todo marcha bien durante años, hasta que una empresa más grande decide comprar la empresa del tipo, y exige ver al Director. Para salvar el escollo, el tipo recurre a un actor en paro con la intención de que se haga pasar por el director de la empresa y así no tener que desvelar su secreto ante nadie. A partir de entonces, todo se complica, y tenemos una comedia.

De eso va El jefe de todo esto, la nueva película de Lars Von Trier que se estrena esta semana. Von Trier es un tipo que suele llevar asociada la palabra “polémica” en casi todas las frases que se refieren a él. Creó el movimiento Dogma y fue el primero en olvidarse de él. Parodió los musicales en Bailar en la oscuridad, y comenzó con Dogville una trilogía sobre Estados Unidos, país que nunca ha pisado. Eso y sus numerosos experimentos con el cine (entendido como medio y lenguaje), como Cinco condiciones, le han convertido en un tipo, sí, polémico. O se adora o se odia, y demás tópicos. Pero en lo que están de acuerdo tanto detractores como defensores es en que “eso sí, este tío es muy listo...”

A mí lo que me gusta de Von Trier es que todas sus películas tienen un doble significado, y que él hace la broma para ver quién la pilla. Así, Bailar en la oscuridad era una historia trágica a más no poder que escondía unas buenas risas a costa del género musical (1), y ejemplos así los puedes encontrar a puñados en su filmografía.

Lo que está claro es que a Von Trier le gusta jugar con el espectador y tratar de venderle gato por liebre o mejor dicho, liebre por gato. Decía Hitchcock que casi todos los directores sólo se preocupan de ellos y de su película, olvidándose del tercer y fundamental miembro de la relación: el espectador. Hitchcock tiene en cuenta al espectador, y Von Trier también. Son gente que, a pesar de sus hinchados egos, saben que el cine es para la gente y no para ellos solos, y quizá sea esta la cualidad que más valoro en un cineasta.

El jefe de todo esto no podía ser menos, y aunque se nos presenta como una obra “menor” del danés, como una comedieta ligera y sin pretensiones, tiene un subtexto de lo más vontrierano y mucha miga que sacarle.

Von Trier no ha parado de decir en las entrevistas que El jefe de todo esto es sólo una comedia. Pero algo chirría cuando ves que en la propia película aparece el mismo Von Trier para recordarnos que esta película es sólo una comedia. ¡Y lo hace tres veces! Sospechoso, eso es que esconde algo. El secreto para pillar un truco de magia está en mirar hacia donde el mago no quiere que mires. Y Von Trier, como prestidigitador que es, nos está engatusando con esos subrayados. Seguramente no con la intención de engañarnos, sino para ver quién es el listo que le pilla.

Porque sí, es cierto, la película va de lo que he contado en el primer párrafo, ese es su argumento y no depara sorpresas que uno no pueda esperar de una comedia. Pero ese es sólo el gato. La liebre, la chicha, la encontraremos si tenemos en cuenta esto: el protagonista de la película es un actor (2).

En la primera secuencia de la película vemos al Actor repasando el texto que le ha pasado el verdadero director, unas simples anotaciones y las frases exactas que el Actor debe decir para que todo salga bien. Sin embargo, el Actor se lo toma como si de un texto teatral se tratase, preguntándole al director cuáles son las motivaciones de su personaje y demás cuestiones, que terminan poniendo de los nervios al pobre director. Así, el director se da cuenta de que la cosa no va a ser tan sencilla y de que, creyendo que el Actor estaba a su servicio, la cosa es más bien al revés.

O resumido: tenemos a un tipo (el director real), que tiene un plan. Y para llevarlo a cabo, necesita a un actor. No tiene más remedio, debe ponerse en sus manos y confiar. ¿Y qué hace el actor? Terminar volviendo loco al director (3).

Por si fuera poco, el personaje del director de la empresa (que es con quien Von Trier se identificaría) no es un pobre tipo encantador, sino un verdadero hijo de puta sin escrúpulos, un manipulador que los ha engañado a todos. Así es como los demás, comandados por el Actor, le terminan viendo, incluido el espectador, que puede pensar satisfecho que al final ha tenido su merecido.

Sin embargo, el director es el que más ha sufrido durante toda la película, y lo peor es que no puede hacer nada por evitarla. Sólo puede ver cómo todo se le escapa de las manos por culpa del Actor. Al fin y al cabo, el director es un pobre hombre que intenta que el proyecto salga adelante. Y el Actor, que no tiene ni idea del proyecto pero es vital para su realización, termina imponiendo su ley, llevándose el mérito de todo y convirtiéndose en el verdadero “Jefe de todo esto”.

En cuanto a la realización de la película, debo señalar la utilización de un sistema llamado AutomaVision, en el que es un ordenador quien decide los encuadres y el sonido. Según Von Trier, esto elimina todo elemento humano o subjetivo en lo que al punto de vista se refiere, quedándole una película más cercana a la verdad al no estar sujeto el encuadre a la decisión de una persona. O dicho de otra manera: no le puedes criticar de manipulador, pues la historia es la que es y los planos los escogió un ordenador.

La decisión de rodar en AutomaVision no es arbitraria de ninguna manera. El rodaje con este sistema no es un simple experimento: es una manera de alejarse de la historia y que sea esta la que hable, no el director. En una película que trata acerca de las relaciones entre Director y Actor, Von Trier decide ser lo más objetivo posible y delega en una máquina.

Toda una declaración de intenciones, ¿no?

NOTAS

(1). Quizá sea al revés, y se trate de un musical que se mofa de las tragedias clásicas. Lo que está claro es que es una película que te habla de los tópicos del musical y hasta te cuenta al principio cómo va a terminar... y aún así el espectador sufre y se emociona con la peli, y cuando termina se sientes como un imbécil por haber caído en el truco a pesar de que te lo hayan contado, y sale diciendo “¡maldito Von Trier, me la ha colado!” Un poco a lo que juegan Shyamalan en El bosque y Christopher Nolan en la increíble The prestige.

(2). Para quien no lo sepa, Von Trier se ha caracterizado durante mucho tiempo por su absoluto desdén hacia los actores, descalificándolos siempre que ha podido y haciéndoselas pasar muy putas en los rodajes. Es famoso el caso de Björk, que protagonizó Bailar en la oscuridad y terminó tan traumatizada del rodaje que renunció volver a dedicarse al cine y menos bajo las órdenes de Von Trier. Una de las anécdotas que más me gustan la contaba un actor de Dogville en los extras del dvd. Un día, en el rodaje, hicieron la pausa para comer y todos se fueron al restaurante, momento en el que Von Trier se quedó parado en medio del plató y espetó con una enorme sonrisa: “¿Qué estoy oyendo? ¿Ruido de actores marchándose? ¡Qué sonido más delicioso!”. O algo así, más o menos. Por eso, y conociendo la tan particular relación que mantiene el bueno de Lars con el gremio de la actuación, una película suya cuyo protagonista sea un actor tenía que ser jugosa por narices.

(3). Ya no sé si estoy hablando de un director de empresa o de un director de cine.

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